¿CUÁNTA CUESTA UNA DE ESTAS MEDALLAS? – SEGUNDA PARTE

¿CUÁNTA CUESTA UNA DE ESTAS MEDALLAS? – SEGUNDA PARTE

Bueno, finalmente terminaron los Juegos Olímpicos. Fueron dos semanas cargadas de mucha emoción y acción.  Algunas resultados eran predecibles, pero también hubo algunas sorpresas. Estados Unidos arrasó de “mala manera” y dejó a los chinos muy atrás. Los británicos y los japoneses se destacaron mucho más que en que en juegos pasados. Los anfitriones brasileños tuvieron buen desempeño en varias disciplinas e incluso tuvieron la oportunidad de reivindicar su nombre ganando oro en fútbol frente al equipo alemán.  La medalla de Luisito Pié no permitió que los dominicanos nos fuéramos en blanco.

Miles de atletas llegaron a Río de Janeiro hace varias semanas con su equipaje y sus corazones cargados de esperanza de obtener una medalla, pero la gran mayoría de ellos regresaron a sus países con las manos vacías, no porque no se hubieran esforzado lo suficiente, sino simplemente porque en los Juegos Olímpicos no hay medallas para todos. En los deportes, cuando mi contrincante gana, automáticamente yo pierdo. La meta es siempre lograr vencer al competidor porque no hay medallas para todos. El apóstol Pablo estaba consciente de esa realidad cuando escribió:

«¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre» (1 Corintios 9:24-25).

Por supuesto, en la carrera cristiana a la que Pablo se refiere no hay necesidad de competir contra otros porque hay medallas para todos y, como él bien aclara en el texto anterior, es una recompensa mucho mejor, porque recibimos una corona que «dura para siempre».  Al final de su vida, cuando él sabía que estaba a punto de ser ejecutado en una cárcel romana a causa de su fe, escribió estas palabras:

«He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida» (2 Timoteo 4:7-8).
                                     
El Comité Olímpico Internacional solo tiene medallas para un número limitado de atletas; en cambio, nuestro Señor tiene un lugar en su Reino para todos aquellos  «que con amor hayan esperado su venida».  Solo aquellos que han rendido su vida por completo a Jesucristo tendrán deseos sinceros de que Él regrese pronto.  Es muy difícil que alguien que solo es cristiano «medio tiempo» tenga ese deseo.  Tu Creador quiere tenerte en su Reino, pero no puede obligarte.  Necesitas rendirte por completo a Él y permanecer en Él. ¿Por qué no lo haces ahora mismo?

Aneury Vargas,
Silang, Cavite, Filipinas

23 de agosto de 2016

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