AMO MI BANDERA, PERO NO DEMASIADO
AMO MI BANDERA, PERO NO DEMASIADO
Hola, queridos amigos. Hoy es Día de la Constitución
de República Dominicana, y quiero aprovechar la ocasión para expresar mi amor
hacia mi bandera y hacia la patria que ella representa. La universidad donde estudio tiene
estudiantes de más de 70 países, pero no tienen tantas astas así que ellos van
turnando las banderas que colocan frente a las oficinas centrales. Hace un par
de días colocaron nuestro pabellón tricolor, y aproveché para sacar esta foto.
Mientras el viento la hacía ondear llegaron a mi mente esos versos de G.F.
Deligne que aprendí de niño:
¡Qué
linda en el tope estás
Dominicana bandera!
¡Quién te viera, quién te viera
más arriba mucho más!
Dominicana bandera!
¡Quién te viera, quién te viera
más arriba mucho más!
Durante lo que va de año he leído muchos artículos y he
participado en varias conversaciones sobre el conflicto legal y diplomático
relacionado con los inmigrantes haitianos en República Dominicana y sus
descendientes. Reconozco que es un tema delicado que ha despertado muchas
controversias, y me parece que las personas comunes e ignorantes deberíamos ser
MUY cuidadosas al hablar sobre eso, puesto que desconocemos todos los detalles
e implicaciones de esa compleja problemática.
Puesto que el asunto no se decidirá por medio de un
referéndum, en mi opinión no hay mucho que podamos hacer para influir en los
resultados finales de esta disputa. Sin embargo, aunque el asunto no está en
nuestras manos hay por lo menos dos cosas que, como cristianos individuales, sí
podemos hacer. La primera es orar por
las autoridades como nos ordena la Biblia (1 Timoteo 2:1-4). Pidamos a Dios que dirija este proceso y que
los líderes de ambos países y de la comunidad internacional lleguen a un
acuerdo que sea sabio y justo, y que no tenga implicaciones negativas para las
generaciones futuras.
La segunda cosa que los cristianos dominicanos podemos
hacer como individuos es reflexionar sobre nuestra actitud hacia los haitianos,
y hacia los dominicanos de origen haitiano.
Espero lograr que aun los dominicanos que no son creyentes puedan meditar
sobriamente sobre el tema. Con el fin de provocar tal reflexión quisiera
compartir algunos datos que muchos dominicanos parecen ignorar.
Pero antes, quisiera introducir una nota oportuna.
Hace unos cuatro años estaba con mi familia en un beach resort a las orillas
del Mar Rojo en Sharm el-Sheikh, Egipto. Me encontraba jugando con mis
hijos en la piscina del hotel cuando de repente comenzó a sonar una canción de
Juan Luis Guerra. No sé de dónde sacó el
disc-jockey esa música. Yo solo sé que
se me puso la piel de gallina. No les voy a decir que bailé ese día, pero no
puedo ocultarles que me subió la bilirrubina al escuchar música de mi cultura a
tantos miles de kilómetros de mi tierra.
Yo me siento orgulloso de mi patria y de mi cultura y, como cantaba el
Caballo Mayor, “Si yo vuelvo nacer, vuelvo a ser dominicano”.
A pesar de mi orgullo por ser quisqueyano, estoy en
total desacuerdo con los políticos y periodistas que tildan de traidores a los
que se niegan a adoptar un nacionalismo ciego y extremista. He aquí algunas informaciones que debemos
tomar en cuenta:
Hay 2, 150,000 dominicanos que viven como inmigrantes
en otros países. Esa diáspora de más de dos
millones de personas representa casi el 20% de la población dominicana. De este número, más de un millón y medio de
compatriotas vive en Estados Unidos, especialmente en “Nueba Yol”.
La segunda gran colonia dominicana está en la Isla del
Encanto. Con los “vuelos” semanales que parten de Miches y Nagua cada semana,
en realidad es difícil saber con exactitud cuántos son, pero se estima que hay
más de 385,000 dominicanos viviendo en Puerto Rico, lo que equivale a casi el
10% de la población de esa isla.
Hay más de 200,000 dominicanos que han emigrado a Europa,
especialmente España, Italia, y Holanda.
Todavía quedan grupos de dominicanos en Venezuela y Curazao, otrora
destinos favoritos de los dominicanos en los años 80.
Con esta información en mente, lanzo algunas preguntas
para reflexionar, ¿Cuántos de los dominicanos que viven en esos lugares son
residentes legales? ¿Cuántos de ellos llegaron a esos países por medios
legales? ¿Cómo nos gustaría que la gente de esos países tratara a la tía que
tenemos en Puerto Rico, al primo que viven en España o al hermano que vive
ilegal en Nueva York?
El siguiente es el comentario que escribió un lector
reaccionando ante un artículo publicado en un periódico digital de un país
donde hay muchos inmigrantes de Quisqueya. El artículo describía el fenómeno de
la inmigración dominicana a esa nación. Esto es lo que dijo el lector:
“Los dominicanos… siempre se van a conocer
por lo ordinarios que son, cochinos y feos, aunque se planchen el pelo, la
pinta nadie se la quita”.
Me quise enojar al leer ese comentario, pero luego me
acordé de los muchos, muchísimos comentarios peores que esos sobre los
inmigrantes haitianos que he estado escuchando desde mi niñez y que yo mismo
llegué a proferir antes de convertirme en cristiano. Por favor, imagínense conmigo a los italianos
haciendo chistes sobre el acento de los dominicanos al tratar de hablar su
idioma. Pensemos en la gente de Curazao riéndose de los dominicanos que tratan
de hablar papiamento. ¿Qué tal si los
niños de Puerto Rico se burlan de nuestros primitos dominicanos en la escuela y
en el barrio? ¿Cómo nos sentiríamos?
Por otro lado, nosotros sabemos que varios de los
dominicanos que viven en Estados Unidos están metidos en el negocio de las
drogas y también sabemos que una cantidad desconocida de las mujeres dominicanas
que viven en Europa están dedicadas a la prostitución. De hecho, Estados Unidos
nos devuelve unos 2,000 compatriotas cada año después de cumplir condena en sus
cárceles. ¿Pero son todos los dominicanos en el exterior narcotraficantes y
prostitutas?
¿Cómo nos sentiríamos si supiéramos que los
comunicadores sociales de las naciones donde hay inmigrantes dominicanos dieran
la impresión de que la mayoría de nuestros compatriotas son delincuentes?
Cualquiera que sea la decisión que tomen las
autoridades sobre la situación migratoria de los haitianos en RD y sus descendientes,
los cristianos debemos adoptar una actitud responsable, humana y cristiana en
todo momento. Pensemos en la regla de oro que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo.
Tratemos a esos seres humanos de la misma forma en que esperamos que los
americanos, boricuas y europeos traten a nuestros compatriotas en sus
tierras. Quisiera dejar con ustedes
estas instrucciones que Dios entregó al pueblo de Israel hace más de 3,000 años. Tal vez estas antiguas palabras puedan
servirnos de algo:
« No oprimirás al extranjero, porque vosotros conocéis los sentimientos
del extranjero, ya que vosotros también fuisteis extranjeros en la tierra de
Egipto». Éxodo 23:9
« El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre
vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en
la tierra de Egipto; yo soy el SEÑOR vuestro Dios». Levítico 19:34
No. Yo no ignoro la historia. Reconozco el precio que los héroes nacionales
tuvieron que pagar para hacer de República Dominicana una nación
independiente. Pero no creo que sea
sabio vivir en una burbuja de paranoia que nos hace desviar la atención de los
problemas más serios de la sociedad dominicana: la corrupción de nuestros
líderes, la inseguridad, el lavado de dinero, la pérdida de los valores
morales, la desigualdad social, el aumento del consumo de sustancias dañinas
(legales e ilegales) y la indiferencia hacia los que son diferentes de
nosotros.
Como ven, amo mi bandera, pero no tanto
como para olvidarme de que todos los seres humanos fueron creados a la imagen
de Dios y que merecen ser tratados con dignidad y respeto. Invito a todos mis amigos dominicanos a dar a
los haitianos y a sus descendientes el mismo trato que quisiéramos que reciban
compatriotas y sus descendientes que viven en el exterior. No uno mejor ni uno peor. Simplemente el
mismo trato.
ANEURY VARGAS,
6 de noviembre 2014
Silang, Cavite, Filipinas
Comments
Post a Comment